Antes de la tormenta by Erin Hunter

Antes de la tormenta by Erin Hunter

autor:Erin Hunter [Hunter, Erin]
La lengua: spa
Format: epub, mobi
Tags: Novela, Juvenil
editor: Xibalba's eBooks
publicado: 2003-12-31T16:00:00+00:00


15

Corazón de Fuego llevaba una bola de musgo empapado entre los dientes. Parte del agua se había escurrido durante el trayecto de vuelta a casa, mojándole el pecho y refrescándole las patas delanteras, pero quedaría bastante para saciar la sed de Sauce y Flor Dorada hasta que una patrulla recogiera más tras la puesta de sol.

Los gatos del clan formaban pequeños grupos alrededor del claro mientras el sol iba descendiendo lentamente hacia las copas de los árboles. La mayoría ya habían comido y estaban compartiendo lenguas con tranquilidad en la habitual sesión de acicalamiento; se detuvieron brevemente entre lametazos para saludar a Corazón de Fuego cuando éste apareció por el túnel de aulagas. Él saludó a Musaraña, Viento Veloz y Espino, que estaban a punto de salir en la patrulla de la tarde.

Pecas se preparaba para guiar a otro grupo de veteranos a buscar agua. Estaba reuniéndolos junto al roble caído, y Corazón de Fuego oyó la decidida voz de Orejitas al pasar junto a ellos.

—Tendremos que aguzar el oído y estar ojo avizor mientras avanzamos —declaró el viejo macho gris—. ¿Veis esta muesca en mi oreja? La tengo desde que era aprendiz. Un búho apareció de la nada y se lanzó en picado. Pero ¡estoy seguro de que mis zarpas le dejaron una cicatriz más grande que ésta!

Corazón de Fuego dejó que se le alisara el pelo de los omóplatos, tranquilizado por el murmullo familiar del clan. Los gatos del Clan de la Sombra se habían ido, tal como Carbonilla había prometido, y él había visto a Látigo Gris. Entró en la maternidad y colocó el musgo delicadamente entre Sauce y Flor Dorada.

—Gracias, Corazón de Fuego —maulló Sauce.

—Habrá más después de la cena —prometió el joven lugarteniente, mientras las dos reinas empezaban a lamer las preciosas gotas de agua de la bola de musgo.

Intentó pasar por alto la mirada del hijo de Garra de Tigre, cuyos ojos relucían hambrientos desde las sombras mientras su madre apretaba el musgo con el hocico para extraer más agua.

—Pecas va a llevar otro grupo de veteranos al río en cuanto el sol se haya puesto y el bosque esté libre de Dos Patas —explicó Corazón de Fuego.

Flor Dorada se relamió.

—Hace mucho tiempo que ninguno de ellos sale al bosque después de oscurecer —comentó.

—Pues yo creo que Orejitas se muere de ganas de salir —ronroneó el lugarteniente—. Está contando historias sobre el búho que vivía cerca de las Rocas Soleadas. Medio Rabo parecía nervioso.

—Un poco de emoción les hará bien —señaló Sauce—. Ojalá yo pudiera ir con ellos. ¡Una pelea con un búho sería perfecto para estirar las patas!

—¿Echas de menos ser guerrera? —le preguntó Corazón de Fuego, sorprendido.

Sauce parecía de lo más cómoda tumbada en la maternidad, mientras sus cachorros —que crecían rápido— trepaban por su lomo. No se le había ocurrido que la gata pudiera añorar su antigua vida.

—¿Es que tú no lo echarías de menos? —replicó ella desafiante.

—Bueno, sí —tartamudeó el joven—. Pero tú tienes a tus hijos.

Sauce dobló el cuello para levantar a una diminuta gatita parda y blanca que había caído de lado.



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